BENEDETTO CROCE BREVIARIO DE ESTETICA PDF

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Author:Bram Akinokora
Country:Bhutan
Language:English (Spanish)
Genre:Finance
Published (Last):6 May 2007
Pages:410
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ISBN:522-7-80103-233-9
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De modo que el arte no puede ser un fenmeno fsico, porque todo fenmeno fsico es irreal. Respuesta que, desde luego, nos traslada al mundo de la paradoja, porque nada Se le antoja al hombre del vulgo ms slido y seguro que el mundo fsico.

Pero a nosotros no nos es posible, asentada esta verdad, abstenernos de la razn buena o sustituirla con otra menos buena, solamente porque la primera tiene semblante de mentira. Por lo dems, y para borrar la extraeza y la aspereza de aquella verdad, para reconciliarnos y familiarizarnos con ella, consideremos que la demostracin de la irrealidad del mundo fsico no solamente se ha hecho de modo.

Y as los fenmenos fsicos se desenvuelven por su lgica interna y por el asenso comn, no ya como una realidad, sino como la construccin de nuestro intelecto en relacin con los fines de la ciencia. En consecuencia, la pregunta de si el arte es un fenmeno fsico asume racionalmente la significacin de si el arte es consrruible fsicamente. Lo que es ciertamente posible, y lo comprobamos experimentalmente, siempre que, prescindien- do del sentido de una poesa y renunciando de antemano al deleite que nos proporciona, nos pongamos a modo de ejemplo, a contar las palabras que componen la poesa, y a dividirlas en nmeros y en letras, o siempre que, olvi- "dndonos del efecto esttico de una estatua, nos pongamos a medirla O a pesarla.

Ni si- quiera el arte es un fenmeno fsico en este segundo signi- ficado, ya que cuando nos proponemos penetrar su natu- raleza y e! Otra negacin va implcita en la definicin de! Se conceder, en efecto, sin demasiada resistencia, que un placer como placer, que un placer cual- quiera, no es por s mismo artstico. No es artstico e! Hasta en las relaciones entre nosotros y las obras de arte, salta a los ojos la diferencia entre e!

Nuestros intereses prcticos, con los dolores y placeres correlativos, se mezclan y se confunden algunas veces con nuestro inters artstico, hasta 10 perturban, pero no se confunden con l.

La doctrina que define el arte como lo agradable, tiene una denominacin especial-Esttica. Teora que ha progresado bastante por el hecho de su movilidad precio samente, y porque ha dejado introducir elementos extraos en su regazo, elementos que ha habido que admitir por la necesidad de casar esta doctrina con la realidad del arte, teniendo que llegar a disolverse como teora hedonista, pro- moviendo inconscientemente una nueva doctrina, o hacin- donos advertir, al menos, la necesidad de ella.

Y en verdad, el arte, como ya se observ desde la ms remota antigedad, no nace por obra de la voluntad; la buena voluntad que caracteriza al hombre honrado nada tiene que ver con el artista. Y como no nace por obra de voluntad, se substrae tambin a toda reflexin moral, no porque el artista disfrute de un privilegio de exencin, sino porque no hay modo de aplicarle esa refle- xin moral.

Una imagen artstica podr ser un acto moral- mente laudable o censurable; pero la imagen artstica, como tal imagen, no es ni laudable ni censurable moral- mente. No existe Cdigo penal que pueda condenar a pri- sin o a muerte ninguna imagen, ni hay juicio moral, dado por persona razonable, que pueda girar en torno a ella; juzgar inmoral a la Francesca del Dante o morala la Cor- delia de Shakespeare--que tienen una mera finalidad ar- tstica y que son como notas musicales del alma del Dante o de Shakespeare-- vale tanto como reputar moral un cua- dro o inmoral un tringulo.

La teora moralista del arte est representada en la historia de las doctrinas estticas y no ha muerto an en nuestros das, aunque est muy des- acreditada en la opinin comn; desacreditada no slo por su demrito intrnseco, sino por el demrito moral de algu- nas tendencias contemporneas que tratan de convertir en pasable, con la ayuda del fastidio psicolgico, la hostilidad que debe hacerse a esa tendencia -y que hacemos aqu- por razones lgicas.

Derivacin de la doctrina moralista es el fin que quiere imponerse al arte de enderezarse al bien, 22 de inspirar el aborrecimiento del mal, de corregir y de me- jorar las costumbres y la pretensin de los artistas de con- tribuir, por su parte, a la educacin de la plebe, a la vigo- rzacin del espritu nacional y belicoso de un pueblo, a la difusin de los ideales de vida modesta y laboriosa, y as sucesivamente.

El arte no puede hacerlo todo, como no pue- de hacerlo tampoco la geometra, sin que a pesar de su importancia pierda nada de su respetabilidad, como tampoco tiene por qu perderla el arte. Otras veces se valan de esta teora como de un instrumento divertido, no slo porque la virtud y la ciencia son cosas speras por s mismas, sino porque el arte puede limar las asperezas, haciendo amena y atrayente la entrada en.

Al hablar ahora nosotros de esta teora no podemos menos de sonremos, pero no debemos olvidar que fue cosa muy seria, que correspon- dio a un serio esfuerzo para penetrar en la naturaleza del arte y elevar su concepto, y que tuvo creyentes que se lla- maron Dante, Tasso, Alfieri, Manzoni y Mazzini," para li- mitarme solamente a la literatura italiana. La doctrina mora- lista del arte fue, es y ser perpetuamente benfica por sus mismas contradicciones, y fue y ser un esfuerzo, desgraciado por lo dems, para distinguir el arte de lo mero agradable, con el cual se confunde, designndole un puesto ms digno.

BREVIARIO DE E5T2TICA y tiene su lado verdadero esta teora, porque si el arte no est del lado de all de la moral, tampoco est del lado de ac, pero a su imperio est sometido siempre el artista en cuanto hombre que como tal hombre no puede substraer- se a estos deberes, y el arte mismo--que no es ni ser nunca la moral- debe considerarse como una misin y ejer- citarse como un sacerdocio.

Todava -y sta es la ltima y tal vez la ms importan- te de las negaciones generales que me conviene recordar de propsito- al definir el arte como intuicin se niega que tenga carcter de conocimiento conceptual. El conoci- miento conceptual, en su forma pura, que es la filosfica, es siempre realista, porque trata de establecer la realidad contra la irrealidad o de rebajar la irrealidad, incluyn- dola en la realidad como momento subordinado a la realidad misma.

Pero intuicin quiere decir precisamente indis- tincin de realidad e irrealidad, la imagen en su valor de mera imagen, la pura idealidad de la imagen. Al con- traponer el conocimiento intuitivo y sensible al conceptual o inteligible, la esttica a la tica, se trata de reivindicar la autonoma de esta forma de conocimiento, ms sencilla y elemental, que ha sido comparada al sueo, al sueo y no al sonido, de la vida terica, respecto de la cual la filosofa ha sido comparada a la vigilia.

Sin contenido, decimos, porque la dis- tincin de lo verdadero y de lo falso implica siempre una afirmacin de realidad o, lo que es igual, un juicio, pero no puede recaer sobre la presentacin de una imagen o sobre un mero sujeto, que no sea sujeto de juicio, care- ciendo de carcter y de predicado.

Y no cabe decir que la individualidad de la imagen subsiste sin una referencia a lo universal, del que aquella imagen es como individuacin, porque aqu no negamos que lo universal, como el espritu de Dios, est por todas partes y anime a todas las cosas; 24 lo que negamos es que la intuicin, como tal intuicin, lo universal, est lgicamente explcito y pensado.

Y es vano tambin acudir al principio de la unidad del espritu, que no se disuelve, sino que se refuerza con la distincin neta entre pensamiento y fantasa, porque nicamente de la distincin brota la oposicin y de la oposicin la unidad concreta. El arte se disipa y muere cuando de la idealidad se extraen la reflexin y el juicio. Muere el arte en el artista, que de tal se trueca en crtico de s mismo, y muere tam- bin en el que mira o escucha, porque de arrobado con- templador del arte se transforma en observador penetrante de la vida.

Porque el mito, para quien cree en l, se presenta como revelacin o conocimiento de la realidad contra lo irreal, alejando de s toda suerte de creencias como. El mito puede convertirse en arte sola- mente para el que no cree en l, para el que se vale de la mitologa como de una metfora, del mundo austero de los dioses como de un mundo bello y de Dios como de, una imagen de lo sublime.

El arte, para ser mito y religin, le falta precisamente el pensamiento y la fe que del pensamiento brota. El artista no cree ni deja de creer en su imagen; la produce sencillamente. Por eso ocurre que el arte prueba bastante ms repugnancia por las artes positivas y matemticas que por la filosofa, la religi6n y la historia, porque stas se le presentan como conciudadanas en el mismo mundo de la teora y del pen- samiento, en tanto que aqullas le ofenden con su rudeza habitual en achaques de contemplacn, Poesa y clasifica- cin o, peor todava, poesa y.

Esta reivindicaci6n del carcter al6gico del arte es, como ya he dicho, la ms difcil e importante de las polmicas incluidas en la forma del arre-intuicin, ya que las teoras que tratan de explicar el arte como filosofa, como reli- gin, como historia, como ciencia y, en grado menor, como 26 ciencia matemtica, ocupan, en efecto, la mayor parte en la historia de la ciencia esttica y se adornan con los nomo bres de los filsofos ms gloriosos.

En la filosofa del si- glo XVIII tenemos ejemplos de identificacin y de confu- sin del arte con la religin y la filosofa que nos suminis- tran Schelling y Hegel; Taine confunde el arte con las ciencias naturales; los veristas franceses lo barajan con la observacin histrica y documentada; el formalismo de los herbartianos confunde el arte con las matemticas.

Pero sera intil buscar en todos estos autores, o en otros que pudiramos recordar, ejemplos puros de tales errores. Y por eso las doctrinas, que para mayor brevedad llamar conceptua- listas del arte, contienen dentro de s elementos disolven- tes, tan ms numerosos y eficaces cuanto ms enrgico era el espritu del filsofo que los produca.

En nadie fueron ms ,numerosos y eficaces que en Schelling y en Hegel, porque tuvieron tan viva conciencia de la produccin ar- tstica, que hubieron de sugerir con sus observaciones en el desarrollo particular de cada caso una teora opuesta a la que formularon en sus sistemas respectivos. Por lo de- ms, las nuevas teoras conceptualistas no slo son supe- riores a las quehemos examinado anteriormente, en que reconocen el carcter terico del arte, sino en que prestan su homenaje a la verdadera teora, gracias a la exigencia que contienen de una determinacin de relaciones-que, si son de distincin, son tambin de realidad- entre la fantasa y la lgica, entre el arte y el pensamiento.

Ya puede verse cmo en la sencillsima frmula de que el arte es la intuicin" -que traducida a otros aforismos sinnimos, por ejemplo, eeel arte es obra de fantasa", se oye en boca de todos los que discurren diariamente sobre arte, y se encuentran con ms viejos vocablos, imitaci6n, ficei6n, fbula, en tantos libros antiguos-, dicha ahora en el cuerpo de un discurso filosfico, se llena de un contenido histrico, crtico y polmico, de cuya riqueza podemos dar BREVIARIO DE ESTJ!

No nos maraville que la conquista filosfica de esta frmula nos haya costado una suma grande de fa- tigas, porque esta conquista equivale a poner el pie en una colina que disfrutamos sobre el campo de batalla. Por eso tiene ms valor este hallazgo que si lo hubisemos logrado paseando agradablemente en una tarde de paz. No es el sencillo punto de reposo de un paseo, sino el efecto y el smbolo de la victoria de un ejrcito.

El historiador de la Esttica sigue las etapas del laborioso avance -y ste es otro de los hechizos del pensamiento-, durante el cual, el vencedor, en lugar de perder fuerzas por los golpes que el adversario le inflige, conquista nuevos bros con tales golpes, llegando al punto suspirado a fuerza de rechazar al enemigo, que va en su compaa. Yo no puedo recordar aqu sino de pasada la importancia que tiene el carcter aristotlico de la mmesis, que brot en contraposicin a la condena platnica de la poesa, y el intento de distincin que el mismo filsofo hizo de la poesa y de la historia, concepto no bastantemente desarrollado y tal vez no del todo maduro en su mente, y por eso apenas medio enren- dido durante mucho tiempo, y que haba de ser, despus de muchos siglos, durante los tiempos modernos, el punto de partida del pensamiento esttico.

De pasada recordar tambin la conciencia ms clara de la separacin entre l- gica y fantasa, entre juicio y gusto, entre intelecto y genio, que se viene afinando a travs del siglo XVIII, y la forma solemne que tom el contraste de poesa y metafsica en la Ciencia nueva, de Vico.

Recordar tambin la construc- cin escolstica de una Aesthetica, distinta de la lgica, como gnoseologa inferior, scientia cognitionis sensitivae, por obra y gracia de Baumgarten que, por lo dems, per- maneci encastillado en la concepcin conceptualista del arte, y no realiz con su obra el propsito que haba for- mado, y la crtica de Kant contra Baumgarten y todos los leibnzianos y woIffianos, que puso en claro cmo la intui- cin es la intuicin, no ft el concepto confuso, y el Roman- ticismo, que con su crtica artstica y con sus historias, mejor tal vez que con sus sistemas, desarroll la nueva 28 idea del arre anunciada por Vico, y, en fin, en Italia, la crtica inaugurada por Francisco De Sanctis, que hizo pre- valecer el arte como pura forma --empleando el vocabula- rio que l usaba- contra el utilitarismo, el moralismo y el conceptismo, esto es, como pura intuicin.

Pero al pie de la verdad, "a guisa de surtidor- -como dice el terceto del Padre Dante- nace la duda, que es lo que rechaza la inteligencia del hombre, de colina en coli- na" La doctrina del arte como intuicin, como forma, c01I! Y poniendo en duda la suficiencia de la imagen para definir el carcter del arte, en realidad giramos en torno al modo de distin- guir la imagen pura de la espuria,I viniendo a enriquecer, de esta manera, el concepto de la imagen y del arte.

Qu papel-se pregunta- puede desempear en el espritu del hombre un mundo de meras imgenes, sin valor filosfico, histrico, religioso y cientfico y hasta. Qu cosa hay ms vana que soar en la vida con los ojos abiertos, cuando en la vida se requiere no so- lamente ojos abiertos, sino mente abierta y espritu perspi- caz? Pero ser todo esto el arte? Hablando con toda conciencia, esto no es el arte.

Y una necesidad utilitaria y hedonista es la que nos mueve a aflojar, de cuando en cuando, el arco de la inteligencia y el arco de la voluntad, haciendo que desfilen las imgenes por nuestra memoria y combinndo- las bizarramente con la imaginacin, en una especie de semivigilia, de la que nos desamodorramos apenas hemos reposado un poco, y nos despertamos precisamente para acercarnos a la obra de arte, que no se produce por el que desvara.

De modo que el arte, o no es intuicin pura, y las exigencias expresadas por las doctrinas que hemos refutado son falsas, razn por la cual aparece llena de dudas la mis- ma refutacin, o la intuicin no puede consistir en un fen- meno simple de imaginacin.

En verdad, la intuicin es produccin de una imagen, no de un amasijo mcoherenre de imgenes que se obtiene remozando imgenes antiguas, dejando que.

Para expresar esta distincin entre la intuicin y. La esttica del siglo XIX deriv hacia la misma finalidad la distincin entre fantasa -equivalente a la fa- cultad artstica peculiar- e imaginacin -equivalente a una facultad extraartstica-. Mezclar imgenes, barajarlas, rerocarlas y fragmentarlas supone previamente en el espo ritu la produccin y la posesin de las imgenes singula- res.

Si la fantasa es productora, la imaginacin. El problema ms profundo que palpita bajo la frmula un tanto superficial con que lo he presentado antes es el de determinar la funcin que corres- 30 ponde a la imagen pura en la vida del espritu, o lo que es igual, cmo nace la pura imagen. Toda obra de arte genial suscita una larga serie de imitadores que generalmente re- piten, recortan, combinan y exageran mecnicamente aqueo lla obra de arte y toman el partido de la imaginacin al lado o en contra de la fantasa.

Pero cul es la justifica- cin y cul es la gnesis de la obra genial que se condena luego - i signo de gloria! Para acla- rar este punto convenientemente hay que profundizar en el carcter de la fantasa y de la pura intuicin.

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