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Con los Gminis, los Cosmos y los viajes interplanetarios, hemos entrado en una nueva era, en una era planetaria. Las corrientes del arte y de la moda se suce- den sin tregua. Evoluciones que en otro tiempo requeran decenios, cuando no siglos, se producen hoy en pocos aos. El tiempo ha ad- quirido un ritmo vertiginoso. Cul es hoy la situacin de la cristiandad? Su mensaje, les llega todava a los hombres?

Author:Aragal Taujas
Country:Luxembourg
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):22 November 2008
Pages:223
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Con los Gminis, los Cosmos y los viajes interplanetarios, hemos entrado en una nueva era, en una era planetaria. Las corrientes del arte y de la moda se suce- den sin tregua.

Evoluciones que en otro tiempo requeran decenios, cuando no siglos, se producen hoy en pocos aos. El tiempo ha ad- quirido un ritmo vertiginoso. Cul es hoy la situacin de la cristiandad? Su mensaje, les llega todava a los hombres? Los acompaa siempre a lo largo de su cami- no? Kurt Tucholsky t observ un da con cierta dosis de ma- lignidad: Lo que resalta hoy en la actitud de la Iglesia, es que camina con la lengua fuera.

Se queda sin aliento en su carrera tras el tiempo 1. Qu tiene que ver el cristiano con la industria? El mensaje bblico, no parece ampliamente superado, enmohecido y absurdo fren- te a los atrevidos sueos del espritu humano, que parecen hallar hoy su pleno cumplimiento?

Puesto que la Iglesia no est al margen de este siglo turbulento y susceptible de nuevas aperturas, sino que vive inmersa en l y se compone tambin ella de hombres atormentados por las ansias y las miserias de esta poca, se siente a su vez animada de un hlito de actualizacin, de aggiornamento.

Advertimos hoy claramente que la Iglesia se encuentra en un pe- rodo de transicin, y ella se da cuenta. En esta transicin, el mensaje bblico ocupa un puesto particular- mente importante y arriesgado.

Digmoslo francamente de una vez: el mensaje bblico tradicional es a menudo causa de profundas dificulta- des para la fe; ms an, no es raro que se lo aduzca como argumento contra la fe, apelando a una aparente oposicin entre la Biblia y la ciencia moderna. Ya otra vez, en la historia del Occidente cristiano concretamente en tiempos de Galileo t , se present un pe- rodo de crisis semejante.

El cambio de la concepcin del universo en el siglo XVI El hombre de la era copernicana se sinti fascinado por el encanto de la novedad, por el estupor frente a lo desconocido y, al mismo tiempo, se vio agitado por una incertidumbre y una angustia religiosa. Una xilografa de nos lo representa asomndose, con ojos muy abiertos y asustados, a mirar fuera del mundo limitado de otro tiem- po, aspirando el aire maanero, la libertad del pensamiento y de la investigacin, frente al espacio ilimitado del nuevo universo heliocn- trico.

Se fue abriendo paso, a partir de entonces, la idea de que, all don- de reina la Biblia, no hay lugar para la ciencia moderna, y que all donde la ciencia moderna desarrolla su pensamiento, la Biblia carece de todo valor. Friedrich Dessauer describa en estos trminos las con- secuencias de la cuestin de Galileo: Con esta separacin, la inves- tigacin cientfica se hace cada vez ms extraa a la Iglesia, para caer, despus de algunas generaciones, en el atesmo.

Ambas se encuen- tran hoy en regiones separadas del espritu, hablan lenguajes diferentes, no se conocen ni se estiman recprocamente 3. Puesto que se crea que la Biblia poda combatir y actuar con xito contra los conocimientos de las modernas ciencias experimenta- les y, por otra parte, las ciencias modernas estaban en condiciones de probar y demostrar eficazmente su tesis, se lleg a una secreta e inconfesada desautorizacin de la Biblia.

Ciertamente, los hombres con- tinuaban adhirindose al mensaje bblico. En un principio, esto se advirti ni- camente en los ambientes culturales; pero, con el correr de los aos, se extendi tambin a los ambientes populares: la Biblia no era ya ms que un hermoso libro de fbulas o leyendas, bueno para los nios, pero que no tena nada que ver con la realidad histrica y con la ciencia moderna.

La crtica histrica bblica en los siglos XVII y XVIII Si, al comienzo de los tiempos modernos, se vio todava durante mucho tiempo en la sagrada Escritura la palabra de Dios, esta au- reola fue profundamente atacada por las investigaciones histricas y por la crtica textual. El sagrado texto fue colocado sin piedad bajo la lente de aumento. De este modo, hubo que reconocer la inaudita pre- sencia de un factor humano, tanto desde el punto de vista gentico, como y sobre todo desde el punto de vista de las sucesivas trans- formaciones y reelaboraciones y de la redaccin definitiva de los textos bblicos.

De la intangible e infalible palabra divina surgi una palabra humana, en la que se mezclaban insuficiencias y motivos incluso de- masiado humanos. Los estudios de historia de las religiones en los siglos XIX y XX Las vastas investigaciones sobre las literaturas del antiguo Oriente.

Es indudable que, basndo- se en los descubrimientos histricos y arqueolgicos, se ha podido echar por tierra la objecin de que la Biblia sea un producto de la fantasa religiosa. El enmarque de los relatos bblicos dentro de la vida del Oriente antiguo, trabajo realizado en diversas ocasiones, ha vuel- to a dichos relatos su credibilidad histrica.

Pero, al mismo tiempo, se ha intentado poner la Biblia al mismo nivel de los escritos sagrados de otros pueblos, relativizndola. En la historia de las religiones, la Biblia viene a constituir una etapa de la evolucin religiosa del hom- bre.

Todo esto relativiza su autoridad y pone en tela de juicio el modo como hasta ahora ha sido entendida por la cristiandad Paul Al- thaus 4. De las analogas se deducen identidades, como en la cle- bre cuestin Bibel-Babel 5 , a comienzos del siglo xx. La escuela de historia de las religiones ha podido confirmar, ciertamente, y con plenitud, la historicidad de los hechos bblicos, pero esa prueba ha sido pagada a un precio caro, porque con ella la palabra divina ha sido reducida a un simple producto de la evolucin religiosa del hombre.

El error se vio en gran parte favorecido por una total ignorancia de los gneros literarios y de la mentalidad del Prximo Oriente en la antigedad.

La polmica suscitada por las encontradas tomas de posicin en torno a Bibel-Babel haba perdido mucho de su acritud antes del comienzo de la primera guerra mundial. Demostrando que, precisa- mente gracias a las excavaciones, la Biblia tiene razn, se ha po- dido combatir, indudablemente, la extendida relacin con la realidad histrica.

Tal argumentacin, sin embargo, no es ms que un enga- o, porque se pretende demostrar ms de lo que los resultados de las excavaciones pueden realmente ofrecer. No pocas veces, la utili- zacin, con miras divulgadoras, de la arqueologa bblica ha traspa- sado ampliamente los lmites de sus afirmaciones y demostraciones.

Ernest Wright ha hecho notar, con honradez cientfica, que la Biblia ofrece una interpretacin de los hechos que no es susceptible de controles histricos o arqueolgicos. Las excavaciones prueban, por ejemplo, que en el siglo xm antes de Cristo la Palestina meridional se vio sacudida por una violenta ola devastadora.

Que sta haya sido causada por el asalto de los israelitas es una argumentacin histrica admisible. Pero que tal guerra haya sido guiada por Dios para la con- secucin de sus fines en la historia, es una interpretacin de la fe, que no es susceptible de ningn control histrico.

La corriente de pen- samiento de la escuela arqueolgica y de historia en las religiones tiende, pues, a reconocer como verdadero e histrico en la sagrada Escritura solamente aquello que se puede probar por medio de exca- vaciones.

La historia de las formas La llamada escuela de la historia de las formas, del siglo xx, puede considerarse como una tarda floracin del estudio histrico-literario de la sagrada Escritura. Su atencin se centra, sobre todo, en el proce- so preliterario de la formacin del texto. En el tejido del texto actual aisla cada uno de los episodios y filones de tradicin, que anterior- mente posean una autonoma con textos escritos o fueron transmitidos durante siglos en narraciones populares y adaptados a las respectivas situaciones.

Ante todo, pone de relieve la narracin bblica como men- saje cultural y alabanza divina. No solamente ha llegado a distinguir en el Antiguo Testamento un narrador yavista y otro elohsta, sino que ha sealado tambin la existencia de un Deuteronomio primitivo y de un escrito sacerdotal.

Todos estos filones literarios fueron reco- pilados finalmente por un postrer redactor en la redaccin definitiva que figura hoy en el Antiguo Testamento. La escuela de la historia de las formas quiere presentar un cuadro de la historia de cada una de las partes en la tradicin, y explicar cmo esas diversas partes vinieron a con- fluir definitivamente en una obra unitaria, si bien conservando su fisonoma propia.

La actitud defensiva de la Iglesia En medio de este turbulento proceso evolutivo, que pareca poner en tela de juicio la credibilidad de toda la sagrada Escritura como Palabra de Dios, la Iglesia se ha conducido como autntica guardiana de la verdad y de la autoridad de la Biblia.

El racionalismo y el mo- dernismo, la cuestin Bibel-Babel y la historia de las formas comen- zaban a minar las bases del origen divino de la sagrada Escritura. Fue esto lo que movi a Len XI I I a instituir, con una carta del 30 de octubre de , la Pontificia Comisin Bblica, a la que se le encomendaba la misin de promover las investigaciones bblicas y de decidir sobre las cuestiones pendientes.

A la Comisin Bblica se aa- di ms tarde el Pontificio Instituto Bblico, fundado por san Po X en , para las investigaciones bblicas y para la formacin de los futuros biblistas. He aqu las importantes decisiones de la Comisin Bblica en el primer decenio del siglo xx: 13 febrero Decisin sobre Ja citacin de los textos bblicos. Estas decisiones de la Pontificia Comisin Bblica han sido frecuen- temente calificadas de leyes cerrojo, y se ha echado en cara a la Iglesia el no haberse abierto a una mayor profundizacin de la exgesis bblica.

El Padre Athanasius Mtller, O. Hoy, que el ardor de la lucha ha amainado en gran parte, muchas diferencias han sido superadas pacficamente y numerosos problemas aparecen bajo una luz completamente nueva, es fcil sonrer ante los obstculos y las angus- tias que entonces dominaban 6.

Estmulos y directrices de la jerarqua catlica en orden a las investigaciones bblicas Aunque a veces pudiera parecer que la Iglesia se limit a erigir ba- luartes para defender la tradicin bblica, la verdad es que tambin dio poderosos estmulos a los estudios bblicos. Albright 7 , un especialista protestante en materia de arqueologa bblica, se ve obligado a reconocer que la tendencia a la reserva mantenida por la Iglesia en sus decisiones, ha servido, en conjunto, de eficaz ayuda a los estudios bblicos de los catlicos: Sin pretender juzgar el mayor o menor valor de una gran parte de los estudios neotestamentarios en los ambientes acatlicos, debo reconocer que la investigacin catlica se vio as preservada de la invasin de futilidades que ha caracterizado a la investigacin protestante de cincuenta aos para ac.

Una vez calmado el primer entusiasmo por las hiptesis de tra- bajo sostenidas demasiado radicalmente y una vez situadas en su justa luz nociones cientficamente seguras, la Iglesia invit, ms an, ex- hort enrgicamente a los especialistas en ciencias bblicas a no insis- tir simplemente en la defensa de las antiguas posiciones, sino a afron- t Dom ATHANASIUS MILLER, O. Po XII exhort insistentemente a todos los especialistas a afron- tar con valor, humildad y paciencia las difciles y, con frecuencia, toda- va insolubles cuestiones de la exgesis bblica: En tal estado de cosas, jams debe cejar el intrprete catlico en acometer una y otra vez las cuestiones difciles an no resueltas, lle- vado de un fervoroso amor a su profesin y de una sincera devocin a la santa madre Iglesia Juan XXIII aludi con paternal solicitud a los peligros de una cierta impaciencia, ligereza y precipitacin en la investigacin b- blica, que se aferra a veces con celo poco iluminado a la primera so- lucin que se le presenta, y propone como solucin definitiva lo que no es ms que una hiptesis de trabajo.

El cardenal A. Bea 9 llam explcitamente la atencin sobre la excesiva estima y consideracin de los estudios bblicos llevados a cabo en ambientes acatlicos, y aadi: No hay que tener ningn complejo de inferioridad. Verdad es que no se puede negar el in- gente trabajo que la ciencia acatlica ha realizado y sigue realizando con sus estudios e investigaciones, revistas y diccionarios, especialmen- te con Theologischen Worterbuch zum Neuen Testament, de Kittel.

Pero hay que tener tambin los ojos muy abiertos respecto a sus inne- gables puntos dbiles Hay que tener, pues, la mxima prudencia y circunspeccin en el uso de las publicaciones acatlicas, as como para aceptar sus resultados y sus teoras. Guardmonos de dar la impresin 8 Instruccin de la Comisin Bblica sobre la verdad histrica de los Evangelios, del 21 de abril de Esta instruccin consagra una sana libertad de investigacin cientfica.

No nos com- portemos, pues, como si estas escuelas y teoras, que en su tiempo fue- ron tan violentamente combatidas por los catlicos, tuviesen en el fon- do razn y, por parte catlica, hubiese faltado solamente un poco de libertad y valor para reconocerlo La grave obligacin de una sagaz direccin y de una cuidadosa circunspeccin resulta evidente de estas consideraciones y tambin del hecho de que todas nuestras investiga- ciones deben ser llevadas a cabo con una intencin pastoral, teniendo como punto de mira las almas y su salvacin, ya que ste es el fin para el cual Dios ha dado al hombre la sagrada Escritura.

En el terreno evanglico se puede advertir hoy que la ciencia b- blica se encuentra en un estadio de reconquista de un terreno aban- donado del todo o casi todo. All donde, a principios del siglo xx, se proceda an atrevida y radicalmente y se combata con una crtica demoledora contra la historicidad y la credibilidad de la sagrada Escri- tura, los modernos hombres de estudio se han vuelto ms cautos y reservados, asumiendo de nuevo una postura ms positiva y respetuo- sa.

La tradicin y el misterio de Dios comienzan a ser respetados como factores dignos de consideracin. Los gneros literarios en la sagrada Escritura Uno de los ms importantes resultados a que ha llegado la ciencia bblica moderna es la intuicin de los llamados gneros literarios en la literatura bblica.

Como en todas las literaturas populares, tambin en la del Antiguo Testamento se dan los gneros ms dispares. Junto a narraciones histricas se encuentran textos de leyes, proverbios e in- cluso relatos edificantes que son fruto de la imaginacin. Actualmente est fuera de toda duda que el Antiguo Testamento no es una obra literaria de carcter unitario, compuesta segn un nico gnero litera- rio; por ejemplo, el gnero histrico. Querer atribuir a toda la sagrada Escritura, desde el Gnesis al Apocalipsis, un carcter histrico unita- rio, sera tan equivocado como negar la historicidad o la credibilidad de cualquier narracin bblica Luis Alonso Schkel

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Lapple Alfred

Out of that came the friendship of a life. We have never lost sight of each other. The gilt lettering on the cover makes clear that it is a translation, a German version of the Quaestio disputata of Saint Thomas on charity. One of the two copies is in the possession of the author. It was in I remember that we looked up the original versions of all the quotations: Plato, Aristotle, Augustine… Then, many years later, the original manuscript was deteriorating, and then my secretary retyped the text and got two copies bound.

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Alfred Läpple

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